No puedo hacerlo.
No puedo pretender ser yo cuando no se quien pretende ser ese yo o quien soy yo
realmente. Si sigo planteándome la vida como una oportunidad de conocerme,
perderé la oportunidad de vivir, y eso no lo soportaría. No quiero ser una de
esas personas deprimentes que se despiertan para rellenarse la copa y poner la
televisión o la radio. No quiero levantarme cada mañana con dolor de cabeza y
sin temas de los que hablar conmigo mismo. Me gustaría no ser. Es decir, no
quiero saber quien soy yo, solo quiero vivir y ser idiota. Ya sabes de lo que
hablo, tener ideas superficiales, salir de fiesta, ir al trabajo, no
complicarme, caer en la rutina, ser simple. Quizás formar una familia y
llevarlos al zoo o al parque. Pero eso tampoco sería ser yo y no se si me
satisfaría de alguna minúscula manera. Soy joven, quiero decir que así me
siento, y no quiero dejar de serlo cargando con responsabilidades y
mamarrachadas destructivas. Quiero algo más, aunque es en la palabra “algo”
donde encuentro el fallo. No quiero algo concreto, pero tampoco abstracto. No se,
supongo que quiero algo que me haga levantarme por la mañana y simplemente
vivir. Y si en lugar de por la mañana decido levantarme por la noche, que así
sea. No molesto a nadie, y tampoco estoy pidiendo ser molestado, pero me gustaría
poder hundirme en la miseria, emborracharme, autodestruirme en general, sin que
nadie venga con lágrimas de fingida preocupación a sacarme de lo que es
considerado un pozo. ¿Quién puede considerar esta puta forma de libertad, un pozo?
Simplemente quiero que quede claro que no necesito ayuda para salir de esto,
porque esto es el lugar que considero casa. Ya sabes, casa, como cuando jugábamos
de pequeños y al decir “casa” ya no podían pillarnos. Sonará vulgar e infantil
pero es precisamente eso lo que quiero, ser infantil y vulgar, incluso pueril. No
formo parte de una etiqueta o una corriente filosófica que me identifique como
un yo individual. Soy un yo, eso si, pero mi yo, y como tal solo pido que no
toquen a mi timbre. He dicho.
Deja que te pinte
Cuando sigas
caminando sin mi mano en tus costillas te empezarás a caer, y nadie va a
recoger a un duende sin techo, borracho y deshecho con ganas de crecer. Olvidaremos
que vivimos buscando donde dormir. Noches y noches soñando que el dolor no
era así. No se si salimos perdiendo o ganando sin más, lo importante es que
estamos nuevos, salimos y no volveremos a escapar. Corríamos uno al lado del
otro sin miedos ni dudas que hicieran parar. Creíamos que había colores para
cada pieza de la humanidad y juntos hacíamos puzzles que pintábamos mal. Espero
que me eches de menos, que no te arrepientas y sigas huyendo hacia el sur. Quisiera
que estos últimos versos pudieras escribirlos tú, y luego mirarme a los ojos,
decir lo que pienso y volver, como siempre, a encender la luz.
Aquí se habla de contraportadas
Hay un periodo de verdad que todos tenemos
Cuando nos desvanecemos entre humo y alcohol
Y empezamos a hablar mirando alguna foto vieja
Y lo que decimos es tan cierto que araña.
Soltamos nuestra mierda en voz alta
Mientras nos quitamos la ropa para
Hacerlo más sincero.
Y entonces es cuando nos miramos en el espejo
Y nos gustamos más
Porque estamos siendo nosotros mismos
Y eso parece cada día más difícil.
En esos momentos es cuando me da por pensar,
Porque a veces soy así de gilipollas,
Que sería más yo si tuviera un tú
Y dejase entrar el nosotros.
Pero, ya ves,
Prefiero no saber si tengo razón,
Solo quiero el yo.
Y cada vez más tú y cada vez más yo,
Sin rastro de nosotros.
Me dedico a pisar hormigas depravadas hasta encontrar mi elemento. No hablo de agua, fuego o sentimentalismos espirituales de esa índole. Aquí se habla de escupir palabras mal dichas para crear desastres sísmicos. Hemos venido a divertirnos y a volar como estúpidos pajaritos felices de estar encerrados en este putrefacto circo. Llegué para quedarme, para gotear sudor a media noche, para olvidarme de los nombres.
Con solo un calcetin
Recolectamos las piedras y nos sentimos vivos.
Solo necesitaba una mano, la tuya
Pero la crema siempre nos separaba
Y nos volvíamos renglones sin cobijarnos de la lluvia
Y nacíamos de nuevo
Odiábamos el tiempo y las golondrinas
Y a veces los angelitos negros de Machín.
Quería pensar que yo era para ti
Y tú de nadie
Y entre los nadie me perdí
Buscaba cucarachas de amores rotos
Y esperaba sentarme en la carretera a leer
Pero ningún libro me entretenía
Sin separarme de lo que llegaría a ser.
Solía pensar que yo era del aire
Y tú de nadie
Y entre ideas a media luz me perdí
Buscando puertas para todas mis llaves
Buscando ojeras
Que se parecieran a ti.
Y lo mejor de todo era corrernos
Y dejar que los gritos y el miedo
Y las tinieblas y los peros
Se fueran lejos
Tan lejos como tu.
Solía pensar que yo era del aire
Y tú de nadie
Pero me confundí.
Duermo solo con un calcetín para olvidar que existe la simetría. Cada uno maneja la soledad a su manera, escapando de lo que te lleve a morir.
Leyenda es lo que no llega a suceder
¿Cuál es el recuerdo que mas rápido se evapora?
-Tranquilo chico, no tengas miedo.
-No tengo miedo, he visto borrachos muchas veces.
-¿Que pinta tienen?
-No hay mucho que ver, bueno, no tanto como ellos parecen creer. ¿Cuánto es lo bastante borracho?
-Buena pregunta. Ven aquí y te diré cuánto es lo bastante borracho. Bien, lo que aquí se ha planteado es, ¿Cuánto es lo bastante borracho? Y la respuesta es, que depende de las células del cerebro.
-¿Del cerebro?
-Así es. Con cada vaso de licor que tomas acabas con cientos de esas células, pero eso no importa mucho porque tenemos millones. Primero mueren las de la tristeza, así que estás sonriente. Luego mueren las del silencio y todo lo dices en voz alta, aunque no haya ninguna razón, pero eso no importa, no importa por que luego mueren las de la estupidez, y hablas con inteligencia. Y por último…… las células de los recuerdos…… esas son difíciles de matar.
-No tengo miedo, he visto borrachos muchas veces.
-¿Que pinta tienen?
-No hay mucho que ver, bueno, no tanto como ellos parecen creer. ¿Cuánto es lo bastante borracho?
-Buena pregunta. Ven aquí y te diré cuánto es lo bastante borracho. Bien, lo que aquí se ha planteado es, ¿Cuánto es lo bastante borracho? Y la respuesta es, que depende de las células del cerebro.
-¿Del cerebro?
-Así es. Con cada vaso de licor que tomas acabas con cientos de esas células, pero eso no importa mucho porque tenemos millones. Primero mueren las de la tristeza, así que estás sonriente. Luego mueren las del silencio y todo lo dices en voz alta, aunque no haya ninguna razón, pero eso no importa, no importa por que luego mueren las de la estupidez, y hablas con inteligencia. Y por último…… las células de los recuerdos…… esas son difíciles de matar.
¿Por qué insistimos en mirar cuando todos nuestros instintos nos dicen “cierra los ojos”?
Me-moria
A veces se me olvida lo buena que está el agua.
La sintaxis se ha olvidado de nosotros, debe haberse dado cuenta de lo que somos. Tampoco eramos monstruos, solo telarañas. Y me volvería a dejar atrapar en tus cicatrices si supiera dónde estás. Pero no estás, y eso parece lo importante. Extraño tocarte en momentos de cordura pero siento que lo que menos echo de menos son las risas. Nos prefería en el silencio de mirarnos y ver como se alejaba la luna y de pronto luz, pero me sentía a oscuras. No sé tú.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)