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Me emborracho de latidos y acabo siempre descalza. Es lo que nos pasa cuando no seguimos nuestros pasos y acabamos mirándonos en espejos rotos por el vaho. Y esa niebla que nos acompaña nos susurra que hasta el onanismo es mejor que ese desgarrarnos la piel a jirones. Incluso la sangre se fue cuando la llamaste roja. La piel duele por dentro y por fuera se hace arruga. Sigo deseando que me toques como nadie ha tocado nunca. Los caracoles pierden el oído al escuchar tu risa, se rompen un poco por fuera pero siguen cerca de ti. Y continuas riendo aunque duela. Has dejado un agujero en uno de mis calcetines, y cuando te fuiste lloró, te lo prometo. Que no sabes lo que se echa de menos la compañía de nadie y la locura que pensaba que había en ti, pero no. La coordinación no es lo nuestro, lo sabíamos y seguíamos haciéndolo. No funcionó, si es que ya me lo decían mis sueños. Que dormir tan bien desde que te conocí no era bueno. Y bien que lo siento, podría haber dibujado mapas en tu espalda para que no te fueras nunca pero siempre estuvieras lejos.

Hoy no


Si no arriesgas, no ganas. Pero encontrarte no es fácil a través de tantas calles y fotografías viejas. Ser valiente hoy no funcionaría. No puedo seguir huyendo y escondiéndome en los demás, en sus historias. Pensar en lo que le pasa al saxofonista o al hombre que se esconde detrás del periódico o a la mujer rubia con el pelo rizado que no aparta la mirada del suelo. El que inventa burbujas sonríe mirando su obra, satisfecho, pero hay algo triste en él. Dicen que sin melancolía no existe la felicidad. La nostalgia se vive en blanco y negro. No escuchaba lo que decías pero lo entendía todo. Te lo prometería pero hoy no es día de hacer estupideces. Sigue las flechas, puede que no encuentres lo que buscas pero encontrarás lo que necesitas sin saberlo. Un libro viejo, una pegatina de las Olimpiadas del 92, un cinta que oías en el coche y que no te cansaba nunca, el carrete de fotos que no revelaste, todo lo que perdiste sin saberlo. Un anillo que sigue en el mismo dedo aunque ya no este, lo sigo sintiendo, es lo que me mantiene cuerdo. Rama y Sita y sus miradas, y las palomas escondidas al lado de tu cama. Canadá y el despertador naranja que paraste en la hora en la que se paró el mundo. Todo sigue funcionando, menos la Coca-Cola en el parqué que se ríe de mí con sus burbujas mientras un trozo de papel se desliza sobre el cable del ordenador en un baile circense. Odio las etiquetas de la ropa, pero nunca las quito. ¿Sabes que hay preguntas que no tienen respuesta? ¿Por qué? No te lo dije porque no lo sabía, hoy sigo sin saberlo. Los impulsos y los gestos. No llueve y eso me hace estar mal, tengo los cristales tan sucios desde que no llueve… Solo hay polvo aquí y me da alergia limpiarlo. Odio que no me apetezca comerme esa galleta, huele a recién hecha y no puedo hacerlo. Huele a tantas cosas aquí dentro… Pero hay otras muchas a las que no huele. Definitivamente la Coca-Cola ha dejado mancha. Y se oyen tantos gritos que hay que taparse los oídos para pensar. Hoy no quiero dormir, solo soñar. Pero son tiempos difíciles para los soñadores y más desde que no están juntos.

Mañana será un buen día para ponerse pantalones cortos y comprar tabaco. 

Sin colores



Nunca llegué a decírtelo pero odiaba tu forma de mirar como si no pasará nada cuando estaba pasando de todo, pero como era invierno no lo notabas.
El frío siempre hacia que parecieras más loco de lo que eras y vivíamos girando en un caleidoscopio con bufandas de rayas y abrigos rotos por el tiempo.
El mismo tiempo que pretendíamos que no nos alcanzara nunca.
No se en que momento separamos nuestras manos, pero esa sensación no se me olvida.
De repente estábamos cada uno por un lado y lo que parecía imposible se hacía  definitivo, y aunque parezca extraño soy feliz.
No hemos ganado nada pero nos perdimos en los bosques y todo lo que recuerdo son demasiadas noches y ningún sol.
Supe que era yo cuando no estabas. Y cada vez más lejos pero mejor.
Las sombras siguen y no me importa, he aprendido a hacerlas compañía y aún me río cuando se les cae el reloj.
Ha pasado de todo y no puedo contar nada. Es un secreto que solo conozco yo y alguien que se aparece en mi reflejo. Los mismos ojos pero sin ti.
Y sonriendo, que quedan dos días para un año más y ningún pasado al que poder sobornar a cambio de alguna página de lo que fue.
Me encuentro bien, al lado de alguien que sigue conmigo aunque no este.
Y es que te necesito aún sin conocernos a ninguno de los dos.
Ya ves, sonríes y desaparezco un poco pero así es mejor, que seguir siendo ha perdido mucha gracia.
Había un tren en el que solo estaban dos personajes de la historia despiertos. Todos dormidos menos ellos y tu no parabas de reírte…como sabes lo mucho que me gusta oírte.

No importa


Si nos quedamos quietos oiremos el tiempo y no pasara nada.
Podría acabar con esto ahora pero se que de alguna manera me arrepentiría.
No soy para ti, pero eso ya lo sabes.
Insistes solo por si te equivocas, el típico “y si…” que nos ha perseguido a todos alguna vez.
Pero claro, esta vez es tuyo y pesa más.
Siempre fuiste egoísta sin quererlo, siempre fuiste sin querer.
Podría paralizarme porque no creo conocerte, pero es que tampoco quiero hacerlo.
Siempre se me ha dado fatal definir el fin, pero te juro que lo estoy intentando.
No se que comeré mañana, no se si seguiré, no se elegir gafas, ni se conformarme con llevar solo un llavero.
No se si puedo, pero se que no quiero.
Se que el verde y el azul quedan preciosos en una lámpara. Que el plano del metro de Madrid siempre ayuda cuando te aburres, eso y los fragmentos de libros. Que las rayas no sientan bien, pero me encantan. Que odio los calcetines de un solo color, y la ropa interior también. Que no puedo dormir sin algo para beber cerca de la cama. Que no diferencio bien los olores. Que solo existe un payaso que no me da miedo, y tiene canción propia. Que te espero aunque aun no te conozca. Que no eres tú, soy yo. Eso ultimo lo digo por lo que tenga que venir, que nunca se sabe…todo es relativo.


Atemporado




Que fácil resulta a veces equivocarse y que difícil coincidir locuras con miedos.
Sacarse imágenes de la memoria que recuerdan un día mejor, cuando no importaban tanto las palabras.
Echo de menos sacarte de quicio bajo las sabanas, que me hagas perder el juicio,
olvidarme de mi paciencia para taparte los ojos y desear que me veas como odio que me mires.
Necesitaría encontrarte y decirte que se que existo porque tu me lo has contado,
que lo del agua era la excusa para llegar, y luego busque mas para no irme,
que cualquiera se perdería entre tus blancos y negros sin matices.
También he venido a explicarte que odio tus cojines, tus malos modales por las mañanas,
las ganas que me dan de olvidarme de ti y el no poder dejar de pensar que estaba mejor cuando estaba mas lejos de todo.
Me dan asco los vómitos que me he tragado mientras esperaba que me hablaras.
El desprecio ni se busca ni se consigue, solo lo tienes tu.
No. Nada mas que decir, pero hay tanto que no queda dicho...
Se me dilatan las pupilas cuando me tocas.




P.D: Configurame el teclado que odio las putas tildes transparentes


Demasiado



Hay demasiado por lo que pedir permiso y demasiado por lo que pedir perdón. Pero la risa le gana el pulso a todo, y me rió mas desde que no pido nada. Es lo que tiene la ignorancia. Me he dado cuenta que no se trata del pasado, de mis errores o mis miedos, se trata de seguir adelante sin que estos mi interrumpan. No necesito volver a contar lo que ya he contado tantas veces y sigue sin servir de nada, necesito contarme a mi. Sigo sin definirme, pero también sigo sin poder definir la libertad y no por eso dejo de ser libre. Hay que joderse, no he aprendido nada!

Volver


Idiota, pero con amigos que valen millones, y millones de ideas para contarles. Y un charco de mentiras que me gritan a la cara mil verdades. Hoy la cosa va de números demasiado simples y con ceros, pero sigo sonriendo. Como ha cambiado la vida, y que poco las personas que la viven. Cabecita loca, y todas sus consecuencias. Te quiero, pero eso tu ya lo sabes.