Hipotenusa que corta en segmentos obtusos que nunca duermen si no es en camas de algodón egipcio.
Zapatillas perdidas en mundos insuficientes inundados por el ruido.
Cordones que aprisionan más que cadenas de hierro olvidadas en un cajón místico de la mesilla.
Olvidado todo aquello que no factura en mi aeropuerto.
Demasiado contrabando guardado en maletas que no vuelan y sólo viajan en coches de plástico.
Bicicletas con ruedas giradas pero que no dejan de rodar hacia delante.
Caminos que se cortan y no tienen cartel de salida de emergencia.
Lo incomprensible se comprende con luces apagadas y persianas negras que no reflejan sombras.
No quedan reflejos en los espejos que improvisan miradas de odio sin odio.
El miedo paraliza, pero el ibuprofeno te hace correr demasiado.
Acelerado el mundo y las esferas que comienzan a parecer espirales desaparecidas.
Busca, compara, y si encuentras algo mejor, no lo compres.
Salmón sonriente.
Me gusta tu cara cuando me da vergüenza mirarte y tengo que imaginarte.
Me gusta el otoño porque huele diferente que en otros tiempos mejores y los colores tienen aires de melancolemia.
Me gustan los vicios compartidos y el alquitrán del tabaco mezclado con Brugal.
Me gusta caminar de madrugada acompañada por la esperanza de una estrella diferente que perdió su brillo con un sueño peligroso.
Me gusta saber que los relojes se equivocan, están rotos y nadie se lo dice.
Me gustan los planetas en torno a los que gira el sol velozmente, inalcanzable.
Me gusta sobrevolar a pesar de no entender bien el significado de lo que hago.
Me gusta hacerme preguntas equivocadas y saber que las respuestas pueden ser las correctas.
Me gusta tomar decisiones con monedas mentirosas que siempre me dan lo que quiero.
Me gusta la suerte aunque no sepa si existe, pero es sólo una palabra más del diccionario de bolsillo.
Me gusta saber que el mundo está al revés, no quiero arreglarlo.
Me gustan los salmones porque nadan contracorriente.
Cuéntame un cuento
Erase una vez un joven agricultor en un campo, cada mañana se levantaba con la mayor motivación, que no era otra cosa más que hacer florecer ese huerto y sacar los mejores frutos, sin embargo estos no llegarían hasta pasado un tiempo, vecinos agricultores suyos decían que debían hacer la recogida antes porque así aprovecharían el auge del comercio de ese momento, y así obtendrían los mejores beneficios inmediatos, pero a este joven inexperto, de alguna forma le gustaba dejar que esas frutas maduran lo suficiente, para ,de paso si encontraba en el huerto alguna que le gustaba especialmente, cogerla en el mejor momento, y disfrutar su mejor sabor, esto le gustaba más que obtener grandes beneficios inmediatos, era un enamorado de sus flores y su huerto y el vinculo q formaba con ellos era más importante que nada. Así pues, llego la época de la recolecta, los demás agricultores obtuvieron beneficios, otros vendieron sus tierras y ya estaban vacios, pero su bolsillo lleno y a nuestro joven por tanto esperar al mejor momento, algunas de las frutas se le pasaron y otras fueron robadas por los buitres. El chaval se sintió mal pero siguió con su criterio todos los años. Y todos los años se le volvían a adelantar los demás agricultores. Un día una fruta prohibida floreció en su huerto, la fruta parecía muy dolorida porque acababa de soportar un gran vendaval y el chaval estaba tan asombrado de observar su belleza y perfección que quiso comérsela y no esperar nada , pero le pude de nuevo su carácter conservador y prefirió esperar a que la fruta recuperara todo su esplendor. A la mañana siguiente se levantó rápido consciente de que era el momento de recogerla y sacar el provecho de esa fruta que no había sacado el resto de sus 20 años con las demás frutas del huerto,…pero cuando llegó ya era demasiado tarde, la fruta era demasiado bonita como para que nadie más se fijará en ella, algún otro agricultor se le adelantó. Otra vez.
Jesús García Muñoz (Ilustrado pensador / futuro psicólogo loco)
Ventana abierta
No pican los mosquitos cuando piensas en silencio.
Te vuelves invisible y nadie te ve, ni siquiera ellos.
No necesito cerrar la ventana para pensar con claridad,
El ruido me acompaña y se vuelve soledad al infinito.
Cómo ibas a imaginar que volar fuera tan raro
Y bailar un signo de estar desesperados.
Pero no sonríes en los mismos lugares de siempre,
Ahora es todo diferente y la interrogación se queda sola.
Egoismo es quererte y querer soñar con alas plateadas,
Volver al pasado del lado bueno de la balanza.
Pensar sólo es eso, detrás no hay nada.
Los huesos se amontonan en habitaciones cerradas,
Nunca pasa la luz donde no queda esperanza.
Abre la ventana, deja que las estrellas te observen.
El placer se puede comprar pagando con dolor
No voy a dejar de esperar señales que caigan desde un limonero hastiado de vivir
Porque me enseñaron a esperar por algo mejor cada día.
Los lunes son peligrosos, pero les siguen realidades peores que el peligro.
El veneno de no saber entrar en tu propia mente y arreglar lo que está roto.
Porque hay cosas que se rompen en pedazos tan diminutos que es imposible recomponerlos.
Pero sigues intentándolo y esperando, porque la risa tiene que estar a la vuelta de la espiral que te rodea.
Y es que los laberintos cobran sentido cuando caminas por ellos con compañía que no existe más allá de la palabra que más duele.
Los olvidados nunca escapan de tu mente por mucho que desees ser invisible, y aunque el miedo paralice.
Lo peor es la angustia de tenerle miedo al miedo y de no saber atravesar cristales.
Porque los espejos ya no reflejan a aquel payaso que nunca sonreía y sabes que no volverá a hacerlo.
Pero respira, que a veces se te olvida ser aire y te atrapan los pulmones.
Clandestinidad
Viajas por el mundo en trasatlántico y has descubierto que no existe puente más alto
Que el que hay entre sus ojos.
Te pierdes entre la niebla de su sonrisa que nunca llega hasta su mirada
Pero sabes que algún día conseguirá nadar tan rápido que
Llegará hasta ella sin que te des cuenta.
Y por eso sigues mirando y no apartas la vista hasta que tus ojos no vean lo que quieren.
Hoy la cosa va de ojos y de palabras escurridizas que corren más que tus pies.
Pero no piensas en los latigazos que van unidos a la tortura de dejarse comprender
Y sigues buscando ese problema que nunca termina si no lo corta la palabra fin.
Nadas en mares que no abarcan las caricias y no hay flotadores que hagan fácil lo difícil.
Pero tampoco encuentras esas tinieblas de las que hablabas antes con desconocidos que ahora preferirías desconocer porque los besos salados estorban con la alergia a la alegría que no para de agarrarte.
Escabúllete y no mires atrás en busca de miradas clandestinas y peceras sin pez payaso.
Todo va a salir bien.
Camaleones
Corre lejos de tu mente.
Sal de ella y no mires atrás.
Lo olvidado no merece tu recuerdo.
Si piensas demasiado acabarás huyendo.
Como siempre.
Comete errores parecidos pero más inmensos.
Tirate de la rama más alta del árbol seco.
Y haz daño.
Siempre termina igual el cuento.
O mejor, haz lo que nunca has hecho.
Persigue el pasado y no avances.
Deja que el miedo gane la partida.
Y sigue deseando seguir perdiendo.
Es lo que eres, asúmelo.
Continúa luchando contra ti mismo.
Cobarde.
Siempre las mismas palabras,
Una y otra vez se repiten.
Los colores que te rompen tan a menudo.
No recuerdo cuando empezó a doler.
No sé cuando comencé a tener miedo.
Conocí las tormentas antes de entenderlas.
Complicado, como yo.
Incomprensible y olvidado
Como tantas cosas que dejé en la panadería.
Dejé de ser.
Dejé de poseer.
Dejé de querer.
Si algo duele, es porque es verdad.
Hay miedo de sobra para repartir.
Las paredes encierran gritos y palabras devastadoras
Con las que el termómetro explotaría.
Los saltamontes se tiran a las vías por seguir risas ajenas,
Pero nunca llegan al otro lado sin cambiar.
El verde que me enseñaste quedó muy atrás en el reloj
Y ya ha perdido la mitad de su significado reciclable.
Dale la vuelta y que no arañen las manecillas a las horas,
Haz que patinen las ruedas cuadradas del coche de juguete
Y píntate de algún color alegre cuando me mires.
Báilale el agua a lo desconocido.
No conozcas nada.
Como un camaleón que se adapta a los mundos ajenos.
Era más fácil con mundos simples y artificiales
De colores estridentes, pero ahora estoy en gris.
Cuéntame un cuento para no dormir,
Que ya no quiero hacerlo más.
No quiero levantarme y saber que me duelen los pies.
Andar era escapar y ahora no puedo.
Atrapada.
No puedo llegar a mi escondite.
Pero estoy tan cómoda…
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