Storm


Entré en una calleja donde solo estaba yo pero no me sentía sola. Había algo que me soplaba en la nuca, un viento irracional preparándome para lo que vendría después, porque sabía que vendría algo cuando huyeran los colores. Quería comerme el mundo sin atragantarme y era tan difícil levantarse de las raíces del manicomio que ocultaba mis secretos. No soltarme de una mano que sostenía mis dudas era mi meta pero la perdí por el camino, me perdí por el camino. No quiero encontrarme, no voy a buscarme. Quiero ser amiga del aire y que me toque y me agarre fuerte y que me ataque con sus miedos.


Tengo múltiple personalidad y frío en mis pestañas. Esa sombra que me sigue y no sabe a donde va y ahora se duerme. No quiero despertar solo para caminar. Yo quiero volar pero no aterrizar. Había problemas que me hacían reír y sombrillas que no me dejaban vivir. Y ese sol que calienta sin quemar enfriando poemas escritos por la ciudad. Pinto en las aceras el enigma de la soledad a ver si alguien lo puede adivinar. Permíteme volar.

Libre


Con la libertad del que no retiene aire sino que lo coge prestado un rato para sentir su vida. Sentir y respirar esa alegría que solo se mantiene en un clima como este. La rumba que canta el viento y te abraza con precisión haciéndote sentir que protección es algo más que una palabra que no requiere compañía. Podría dormir eternamente pegada al aire, olvidando el tiempo. Jugando con los recuerdos y reconstruyendo mi pasado. Haciendo que valga la pena ser lo que siento.  

Conversaciones que nunca tuvieron




-         ¿Te drogas?
-         Solo cuando te pierdo

-         Nunca te dije lo que nunca te dije
-         Hoy tengo tiempo
-         Yo lo he parado. No puedo

-         ¿Qué escondes en ese cajón?
-         Mis palabras

-         Te he visto desnuda tantas veces que me resulta raro verte con ropa. No te la pongas.

-         No puedo evitar pensar que te he perdido
-         No. Perdido estaba cuando te estaba buscando y no aparecías.
-         Es que no te veía.
-         Te dije hace tiempo que tenías que ir al oculista. Si me hubieras hecho caso habría sido más fácil.

-         Te imaginaba diferente. No se, no te veía la cara.
-         Yo te imaginaba con alas. Pensaba que sabrías volar. Pero no me has decepcionado.

-         Mentiroso
-         Solo conté una verdad diferente a la tuya.
-         Muy diferente.
-         Si, pero era mi verdad. Acéptalo. No puede nevar a gusto de todos.
-         Llover.
-         Pues llover, nevar o hacer sol. Me da igual. Sabes a lo que me refiero. Sabes que llevo razón.
-         Siempre crees llevarla pero nunca la llevas.
-         Y ahora sonreirás y dirás que era broma.
-         No me conoces
-         Pero te intuyo.
-         Tú y tu última palabra.
-         Tú y tu carácter de nube.
-         Déjame tener la última palabra por esta vez.
-         Está bien. Di.
-         Todo se reducía a ti.

Walk


Como una sombra el dinero iba apareciendo en cada palabra que el decía. Inundaba sus letras en posesión y presión, en on y nunca off. Siempre dispuesto a tener la razón cuando no la tenía, dispuesto a humillar cualquier arranque de imaginación. Inauguraba cada habitación de aquel piso vacío, sin vida, con un discurso sobre el ahorro, sobre el trabajo, sobre la responsabilidad, sobre él. Hablaba por hablar pero nunca decía nada. Detrás de cada pronunciación de cada letra se ocultaba la sabiduría de que había perdido su vida tratando de almacenarlo todo en pequeños frasquitos que más tarde, sabía, le serían de utilidad. Nunca vivió con la incógnita de no saber lo que vendría después, todo era un mapa, un plan A, silenciosamente calculado en su mente para lograr todas sus metas, que no consistían en otra cosa más que en… no lo sabía, trabajó tan duramente para no sabía qué… Eso era lo peor, la seguridad segura de que había perdido el tiempo.
Seguridad. Bonita palabra para alguien como él. No sabía lo que era eso. Realmente, para ser completamente honestos, no sabía nada. Dejó de estudiar cuando era un niño, aunque sin infancia, y nunca tuvo la necesidad de aprender nada a lo largo de su vida. Le prestaron muchos libros, pero no parecían interesarle. No sé que era lo que esperaba de un libro, quizás uno con dibujos le hubiera gustado más. Ni siquiera sé si sabía leer con fluidez o escribir correctamente. Pero es igual, quién decide qué es fluido y qué es correcto. Nadie. O si. No sé, es algo que ni ahora alcanza a interesarme, solo se lo que no fui, lo que no soy, lo que espero no ser. No soy como él. Ni mejor ni peor, simplemente no soy él. No comprendo las razones de su razón, no se por qué da cada paso que da al caminar. No sé si quiero saberlo. Nada de él me aportará demasiado. Es la historia de un hombre atormentado que se dedica a atormentar a todo aquel que le soporta. Eso me incluye a mí. Compañero de dudas de mi pasado, víctima de algo bueno que se tornó en malo. En esta casa que habito en compañía de este hombre nadie tiene infancia, nadie. No sabemos lo que nos pasó cuando teníamos inocencia. No recordamos nuestros primeros pasos, ni nuestras travesuras, ni los cuentos que dicen contarnos antes de dormir. Sólo nos recordamos en la cuna, y alguien poniendo un velo negro impidiendo que nos llegue la luz. 

Rayuela I

Cuantas palabras, cuántas nomenclaturas para un mismo desconcierto. A veces me convenzo de que la estupidez se llama triángulo,  de que ocho por ocho es la locura o un perro.

Salir, hacer, poner al día, no eran cosas que ayudaran a dormirse. Poner al día, vaya expresión. Hacer. Hacer algo, hacer el bien, hacer pis, hacer tiempo, la acción en todas sus barajas. Pero detrás de toda acción había una protesta, porque todo hacer significaba salir de para llegar a, o mover algo para que estuviera aquí y no allí, o entrar en esa casa en vez de no entrar o entrar en la de al lado, es decir que en todo acto había la admisión de una carencia, de algo no hecho todavía y que era posible hacer, la protesta tácita frente a la continua evidencia de la falta, de la merma, de la parvedad del presente. Creer que la acción podía colmar, o que la suma de las acciones podía realmente equivaler a una vida digna de este nombre,  era una ilusión de moralista. Valía más renunciar, porque la renuncia a la acción era la protesta misma y no su máscara.

Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos
para encontrarnos.

y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro.

No estábamos enamorados, hacíamos el amor con un virtuosismo desapegado y crítico, pero después caíamos en silencios terribles y la espuma de los vasos de cerveza se iba poniendo como estopa, se entibiaba y contraía mientras nos
mirábamos y sentíamos que eso era el tiempo.


No me parece que la luciérnaga extraiga mayor suficiencia del hecho incontrovertible de que es una de las maravillas más fenomenales de este circo, y sin embargo basta suponerle una conciencia para comprender que cada vez que se le encandila la barriguita el bicho de luz debe sentir como una cosquilla de privilegio.

My Huckleberry friend


Moon river, wider than a mile
I'm crossin' you in style some day,
Old dream maker, 
You heartbreaker ...
Wherever you're goin', 
I'm goin' your way.

Two drifters, off to see the world
There's such a lot of world to see
We're after the same rainbow's end 
Waitin' 'round the bend ...
My huckleberry friend, 
Moon River, and me.

Y te fuiste y se esfumó ese caer tan lento de aquella gota de agua que se despedía de ti resbalando lentamente hasta morir, como moría cada planta que no cuidabas, cada adiós que ocultabas entre risas fúnebres que anunciaban la derrota. Y como el caminar de una tortuga coja caminabas tu, siempre tan despacio y nunca dejabas de mirar atrás, como esperando algo, una palabra, un globo azul, una flor de cartón sin olor ni belleza. Y siempre eras así, tan ausente que asustabas a los pájaros que no cantaban si te veían cerca, solo se limitaban a observarte, como si ese límite te acercara más a ellos, como si te pudieses acercar a alguien. Y gritabas tan bajo que parecían suspiros, de los que no dejabas escapar nunca pero todos sabían que estaban allí, tan lejos que no se olvidan. Y tantas cosas que no dijimos y en cambio tantas otras que dejamos huir de unos labios sin escrúpulos, sin sentir nada que no fuera algo extraño y sin nombre. Y es que le ponías nombre a tantas cosas raras que al final se te olvidaban los significados y se te erizaban los pelitos de la nuca, como cuando cantaban alguna canción de esas que expresan tanto que la gente solía llorar, pero tu no, no podías dejar escapar algo tan valioso como una lágrima sino era de alegría. Y efímeramente te fuiste yendo, y no volviste, y no miraste atrás, solo caminaste, esta vez mucho más rápido, como gritando libertad, pero ya no había suspiros, solo gritos de tu silencio volando en un globo azul dirección recto, tan lejos que hasta tus fotos perdieron tu imagen, tan lejos que ningún espejo te ha vuelto a reflejar.

Brandy



Porque tú me entiendes. Sabes lo que necesito en el momento en el que lo necesito. Y ardes tan fuerte que creas un momento de asfixia donde el oxígeno no llega y sé que preciso más de ti si quiero vencerte. Pero nunca he querido vencerte, solo leer contigo un libro o contener la respiración o escribir letras absurdas de canciones sin dueño, ni rima. Ya sabes a lo que me refiero. A ese calor que me das en invierno que me inquieta y me aturde, y en verano te enfureces y pegas aún más fuerte impidiendo que te sienta como antes. Y es en verano cuando más necesito mezclarte con algo que se parezca a ti, semejante, que refleje tu lenta agonía de pasar por gargantas vacías y asentarte en mis pulmones o en órganos semejantes a estos, tan oscuros y escurridizos. Y así eres siempre, pero por estar siempre es por lo que te tengo cariño. Ya no molesta que tiemblen las piernas o se me duerman los dedos. De ti ya no molesta nada porque cada vez más unidos y locos entendemos mejor lo que quiere el otro. Yo te vacío y tú me llenas. Nos entendemos, comprendemos y pertenecemos.