Lo inevitable: la muerte. Y yo no quiero morir sin cicatrices. Quiero sentir cada gramo del dulce néctar que me ata a la vida. Que se amargue, que se enfríe, que se vuelva a endulzar, pero sentirlo. No me conformo con ir de puntillas, me vale más la pena clavarme un cristal por ir descalza. Quizás recoja mañana el desastre que has provocado. Quizás lo deje así un poco más, solo para recordar que me has ayudado a olvidar. Hay guitarras que han vivido tanto que ya no pueden afinarse, demasiadas cicatrices. Pero esas guitarras insómnicas no mueren nunca, son eternas. Algún día me pareceré a ellas, o quizás no, pero no me importa. Yo solo quiero hacerme cicatrices mientras pueda.
Hablando
Descontrol perdido entre sábanas húmedas, en camas que cansadas de soportarnos deciden ceder y romper el orgasmo. Eso tuvo arreglo, pudimos recuperarlo. Vivir aliento tras aliento, cigarro tras cigarro. Algo de sueño y nos activamos. Vivimos la locura, partimos tazas viejas, dejamos quizás algunas agujetas para coleccionar. Y por la mañana un poco más, ducha fría y te vas. No ha estado nada mal.
Período refractorio
Siento la humedad sobre mi piel alejándome del placer que produce saltar sobre la cama. Algo me impide mirar por la ventana y me invita a sentir un poema escrito en un lienzo negro. La penumbra atormenta a la tormenta dentro de mi pecho. Y late cada píldora de imágenes de algún cuento. Ilusionista que vive en mi terraza sin emitir silencios de calma. Reinvéntame en otro secreto nuevo que me haga ver la luz de la farola de cegueras inconstantes.
Not pretending
Puedo fingir, disimular, hacer sentir que el viento acaricia. Debo saber lo que yo soy, más allá de estas pupilas que hoy brillan. Me lo quedaré, lo guardaré y por las noches pensaré en lo que he hecho. Pero no hay marcha atrás, ya no quiero que funcionen mis frenos. Hay libertad en el fondo de aquel bar y tantas risas compartidas recordando otros tiempos. No quiero ser lo que no soy y pretender que todo es sueño. Quiero dormir y colorear todos los rincones de mis hemisferios. Sentir que estoy viviendo, congelada en este cielo de mil nubes sin dueños.
Como cada cajetilla
Sobrevolaba y lo sigue haciendo, llorando a cada gota de remordimiento. Siente las persianas que no cerró buscando entre sus fotos. Solía pensar que lo que valía la pena dejaba de valerla si saltaba entre balcones. Los radiadores se interponían entre sus secretos imborrables. Y de pronto una gaviota, y así terminó su vuelo. No sabía como describir a la mariposa que le preguntó lo que no tenía respuesta. Pero sabía que las palabras no valían para aquel recuerdo enmarcado en alquitrán. Como aquel alquitrán que se pegó al pie de aquella huella. No sé, no sabía. Te echo de menos desde nuestras caladas consentidas.
Hoy la puta se viste de rey
Abrázame con tus silencios, recuérdame que nada es cierto, y enséñame a ser eterno.
Que no sabes lo que te echo de menos, aunque me mires desde la estrella de la ventana que elegimos juntas. Sé que no entenderás lo que ha pasado, por qué me he obnubilado tanto estas noches, desde hace tantos años que no me escondes entre mantas. Escribí demasiadas cosas en aquella pizarra que tú siempre borrabas con tu don de escapista en la cuneta. Pasaste la vida atada a una casa, queriendo volver con aquel niño que se hundió…pero físicamente no llegasteis a estar juntos. Conozco muchos secretos, pero el de esa puerta en el suelo hacia un sótano de olvidos es el que mas pesa.
Galatea de las esferas
Nos fuimos dando la mano poco a mucho, como si tuviéramos solo una y no quisiéramos perderla. Pero se nos escapaba y el tiempo se iba poniendo morado y faltaban arco iris entre tanta niebla sin colores. La luna ya no brillaba a través de esas cortinas que tapaban todo lo blanco. Consistía en eso, pero no resultaba tan simple como lo esperaban los fantasmas del espejo. Y es que hace tiempo que dejamos de simplificar ecuaciones y perdimos el miedo. Había osadía en sus pisadas pero las piedras no escuchan ecos. Supimos que debíamos dejar de observar los silencios. ¿Cómo se hacía eso? No sé, quizás solo sean verbosidades estampadas en recortes de periódicos viejos. Quizás lo que pasa es que ha dejado de llover y yo sigo sin poder soltar mi paraguas de varillas sin tela.
¿Qué habría detrás de aquel escaparate? A lo mejor eran pupilas dilatas sin más, o algún duende sin alas. No sé, no merecería la pena saberlo.
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