¿Quieres aprender a escuchar una sonrisa? Enciende los motores que te atan a los adoquines. Deja quelos dedos de los pies sientan los charcos que ha dejado la nostalgia. Huele a ti mezclado con tierra mojada. Huele a cosas perdidas por el miedo. No te olvides de tirar los recuerdos amargos a la basura. Recíclalos si encuentras la manera. Yo no quiero que te pierdas en los momentos. Yo no quiero que abraces a las palabras que no riman. No me gustaría que dejaras de iluminarte mientras duermes. Odiaría que me odies si eso significa que dejes de mirarme. Vive la paz que se respira en los silencios. ¿Quieres aprender a enamorarte de las dudas? ¿Quieres conocer los pensamientos de la luna? No olvides abrir la ventana cuando te desnudas. No renuncies a los sueños que no tienes. Pensaras que el insomnio es muy molesto, pero es mejor aprovechar las horas de negrura. Camina al lado de algún sabio y que él conteste a tus preguntas.
Pecera sideral
Eso no puedo enseñártelo, tendrás que aprender tu solo, no uses el Google, no tiene todas las respuestas.
Estoy en paro de recuerdos. Antes de despedirme por hundirme en mi miseria me congelaron el sueldo de sentir los pellizcos de la suerte.
No puedo contarte mi historia, tengo demasiadas. Quizás tú formes parte de alguna.
Quizás juzgar no es tan malo, a veces son presentimientos que te enseñan lo que te puede traer la vida.
Fue decepcionante el momento aquel en que conseguiste jugar con las palabras. Moverlas y recolocarlas, ahondar en las humillaciones a las que quisiste someterme. Puede que no comprendas lo que digo, es normal, no tienes que asustarte, tú nunca comprenderás nada que esté por delante de ti mismo.
Naciste sin ombligo, no se me puede olvidar. Me contaste que eras raro y me has dado demasiadas pruebas de ello. No sabes lo que duele pensar en lo que dijiste. Saber que quizás tengas razón. Pero la vida es más puta que yo y pone a cada tonto en su rincón de tontería.
El fuego no ardía cuando lo tocaban tus mejillas. Me hablaste de construir catedrales alejadas de religiones impostoras. Hipotecaste los ladrillos de mis dudas, y me diste demasiado pan con aceite, aún sabiendo que lo odiaba.
Deja de mirar el móvil esperando una llamada que no llegará, porque a ti nadie te espera. Te lo has buscado con tu soledad de científico loco que sueña con adivinar las verdades del mundo, pero nunca encuentra pruebas. Apostabas con el miedo y con la muerte y nunca perdías la partida. Pero no se puede conocer a las personas generalizando y oponiéndose a dialogar con los espejos.
No dudes que la venganza existe y va a ir a por ti, pero te pillará lejos, siempre huyes hasta de tu sombra pionera en la deshonra. Elegante es la grandeza del que cuenta lo que piensa y tú no tienes de eso. Estás averiado, loco y dislocado, nada hay en ti que inspire una canción. Pero la esperanza es lo último en perderse cuando vives en una burbuja que nada en una pecera sideral.
Triángulos de cristal
No te olvides de llamar cuando llegues a tu rincón de secretos personales. Cuéntamelos todos, sino te importa. Que las frases que salen de tu boca huelen a pasado mezclado con melancolía. Haz que gire el pez en su mundo de colores aguados y que todo tenga sinsentidos. No quiero pensar en lo que pudo haber sido y se fue, como las palabras inocuas. Y es que la gente huye, pero las personas prevalecen. Y las pupilas no paran de hablar y contarme a que sabe el mar que no se puede besar. Caleidoscopio bipolar, no me cuentes nunca el final, prefiero el no saber, prefiero el no pensar. Pintar mundos a triángulos en círculos que no ruedan si no los mueve el miedo. Y quedarme parada observando un cuadro en tu pared de terciopelo. No me despiertes de esta luna sin sueños.
Nocturnidad anatómica
Anatomía extraviada en un hotel que nunca pagan los adúlteros de la noche. Se equivocan al pensar que vacaciones es excavar en cuevas tan profundas que resultan peligrosas para la conciencia del que no tiene cabeza. Sueñan en penumbra mientras construyen puzzles de solo cinco piezas. Cinco, como los dedos de las manos y los pies que todo el mundo muestra. No saben como ganar la batalla contra el tiempo y se esfuerzan en chocar con muros de maleza. Se pierden en bosques montañosos, con cimas puntiagudas y nieve en sus cabezas. Abrir la mente y dejar que pase el aire para purificar el ambiente. No es la solución, pero de poco se aprende. La confianza se destruye en la niñez y no se puede arreglar hasta que no se congela la piel. Nada, eso es lo que siente un duende entre las hadas.
Casas de cartón
Él se sentía solo en su casa de cartón, amañó la soledad, le hizo un pacto al duende que roba el sueño. No dormía apenas, solo deseaba poder caminar y vislumbrar, aunque fuera, una pequeña luz en el fondo de aquel vaso que había rellenado con recuerdos. Nunca mostraba su color, dejaba a la gente ciega con tanto ego tramposo. Mintió desde que decidió llamar la atención de alguna rubia con tesoro al por mayor. Su epitafio no tendría descripción, sus lágrimas perdieron el sabor. No había nada que pudiese ser querido, o aprovechado. Solo arte en unas manos que olvidaron el tacto de otra piel que no fuese la suya. No podía acariciar, ni sentir la lluvia. Solo había vacío en su razón, porque nunca la tenía. Vivía equivocado juzgando al que también juzga. Siendo juez y abogado de su propia penumbra. Luchaba por no sabía qué. Pegaba al odio que contemplaba en su reflejo, aquel reflejo sin pupilas. No dejaba huellas. Pasó tan de puntillas que no se puede decir que pasó, solo que acaricio el infierno con la yema de los dedos, pero hasta allí le denegaron la entrada.
Semáforo en rojo dudoso
Nos perdimos tanto por no estar en el momento adecuado que aún seguimos buscando explicaciones al tiempo. Y no sabemos huir demasiado bien, ni darnos las manos sin rompernos. Nacimos en un tiempo equivocado, nos perdimos lo mejor, nos perdimos sin más. Los mares no aguantan tantas dudas y miedo. No se puede seguir a base de escondernos. Algunos quieren más de lo que tienen, pero no tienen nada, no pueden… Él quería caminar, solo caminar, pero alguien no le dejó. Por eso sigue contemplando la ruleta desde el taburete de algún bar. Por eso ella observa el movimiento en la ventana de la soledad. Nadie se pertenece y por eso nadie se tiene a si mismo. Nadie quiere libertad si eso significa quedarse quieto y soñar. No hay esperanza para los peces de ciudad, no hay alcohol suficiente para cubrir tanta realidad. Nada y nada será mañana.
Hay tantos semáforos en rojo que frenan a mis sentidos. Tantas dudas, tantas luces, tanto ruido. Hay movimientos sin motivo, rutina lo llama alguno. Tanta vida y tanta muerte. Tanto afán de comprenderse. Tanto ver lo que no se ve, que no lo sientes. Cosquilleos en la mente y ganas de perderse. Minusválidos cegados por la furia del momento. Sinsentido. Sin motivos. Tantos caminos empedrados incapaces de deshacerse. Tanta ruina. Tanta huida. Tantas vendas para no tenerse.
Vamos y volvemos, y vamos y nos perdemos
Que no se acabe este mañana que no ha empezado aún. Que cada duele que sale de su boca se apague con una sonrisa de esas tan locas. Y ya no se seguir adelante si voy en la dirección correcta, casi prefiero equivocarme…
No se puede vivir pintando margaritas en las ventanas, no se puede vivir sin nadie.
Me he cansado de volar buscando alas, prefiero libertad y desayunar lo que sea, pero con mermelada. Y esta vez invitas tu que yo estoy seca. Que no quiero tener que arrepentirme de haberme dejado la chaqueta en la casa aquella, que no es mío ese lugar, ya te lo he dicho.
Y quiero volver a saborear el mar, y pensar en que piensan las gaviotas. Y contar estrellas, y dibujar nubes de esas…
Que la arena de la playa se cuenta mejor con los ojos cerrados por la lluvia.
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