Sabelonada



Creo que sé como te sientes. Esto ya lo he vivido antes. No estés triste porque eso es lo que quieren. Trata de girar a la derecha, sino, sigue recto. Y a veces pienso en ti, pero ya no te odio. No sé como pude tener tan buena vista para ver como eras sin ojos. Miénteme, que es más divertido. No pegues a Neptuno porque devolverá el golpe. ¿Quieres jugar conmigo? Piérdete cuando te digan que lo hagas. No discutiré más contigo. Si quieres beber algo, lo mejor es la Coca-Cola. Voy a empujarte, que tengo prisa. Apaguemos las luces para no vernos. Con dos limones, por favor. Es dulce pero amargo. Me duele que no te duela. Si querías ir al baño, haberlo dicho. Si te gusta, no se lo digas, que a lo mejor tú le disgustas. No sabes nada, sabelotodo. Si te caes no tiene gracia. Haz que pase y me lo cuentas. Encuéntralo y será tuyo a veces. Asústame que tengo miedo. Olvídalo y no servirá de nada. El dinero es papel pintado. Hay que irse, que nos han visto. Vuela pájaro y quema tus alas. No llores, es incómodo. Pulsa el botón y llegamos. Llama a un número que no conozco. Cuéntale tus secretos al espejo, que él sí que los guarda. Eres muy guapo, casi bonito. No me conoces, pero no importa. Estarás bien mañana, y sino pasado. Hazlo y deshazlo luego. Pensaré en ti sin que lo sepas. No cometas errores sino sabes como hacerlo. 

Puedo hacer esto y más.




Puedo olvidarlo todo y olvidarme recordándolo.
Puedo ver la luna con los ojos cerrados cuando me entra polvo en un ojo.
Puedo correr desnudo sin darme cuenta y nadie se dará cuenta tampoco.
Puedo escribir con limones y no saber como se veía el mensaje.
Puedo romper un espejo sin clavarme los cristales.
Puedo beberme el mundo pero acabaría en coma etílico.
Puedo comer lentejas los domingos y pensar en patatas fritas.
Puedo saber que mientes aún cuando tú no te das ni cuenta.
Puedo vivir deprisa, caerme y parar el tiempo.
Puedo sonreír tanto que duele, pero más duele no hacerlo.
Puedo rimar poco con moco y sentirme un gran poeta.
Puedo besar labios venenosos y mortales y seguir con vida.
Puedo pisar un charco por mi mismo sin hundirme en lo profundo.
Puedo hablar de tonterías sin fundamento y por dentro estar reflexionando.
Puedo pensar que mis pensamientos también piensan y todo es un círculo raro.
Puedo morir mil veces y no resucitar nunca, sólo seguir viviendo.
Puedo componer canciones sin saber cantarlas porque mi voz me lo impida.
Puedo gritar tan alto que sólo se escuche el silencio.
Puedo creer que lloro pero nadie puede creerlo.
Puedo decir que estoy loco aunque me asusta estar demasiado cuerdo.
Puedo reírme tanto que me salgan los espaguetis por los orificios nasales.
Puedo saltar tan alto que nadie es capaz de verlo.
Puedo bailar en braile y hablar en si bemol.
Puedo soñar que sueño, despertarme y soñar que sigo soñando.
Puedo peinar a un calvo y dar la mano a un manco.
Puedo inmolarme al sol sin motivo, por hacer algo.

Que nos den por culo y punto!



Nos drogamos. Nos intoxicamos el cuerpo pensando que así la mente se siente mejor. Pero estamos jodiendo mentes. Nos metemos tanta mierda que olvidamos como éramos. Nos olvidamos de los detalles que nos hacían felices. Detalles simples que parecen insignificantes pero tienen un significado. Intentamos auto fabricar felicidad por medio de pastillas sonrientes.
Estamos equivocados. La felicidad no se fabrica, se siente. Se encuentra cuando no te das ni cuenta. A veces ni siquiera sabes que estás siendo feliz, pero lo estás siendo. En esos momentos de risas subjetivas e impulsivas que improvisas en un parque rodeado de gente y dejas de pensar y sólo ríes. Eres feliz. Pero no lo sabemos apreciar. No nos conocemos lo suficiente como para darnos cuenta de qué es lo que sentimos.
Nos engañamos, crucificamos, inmolamos, ahogamos, ahorcamos, nos matamos. Y no nos damos cuenta. Eso no es auto destrucción. Es odio, lastimero y escurridizo, pero odio al fin y al cabo. Y eso es. Dejémoslo así. Odiemos todo y a todos. Seamos infelices y oscuros todo el tiempo. Sacrifiquémonos por nada. Seamos estúpidos, cobardes y huidizos. Que no importe. Limitémonos a mirar una pared proclamando que nos merecemos un castigo. Duchémonos con agua fría. Hagamos llorar a un niño. Robemos a los ancianos. Vendamos nuestra alma a un ángel negro. Neguemos los abrazos y el cariño. No hagamos el amor, follemos. Arañemos y mordamos mientras follamos, hagamos daño y seamos crueles. Que como no somos felices, nadie más puede serlo. No aprendamos nada.

Un mundo, joder!



Pintar un cuadro del mundo.
No me refiero al planeta Tierra.
Quiero decir del mundo.
Con todas las personas.
O pintar a una persona que sea un mundo.
Y es que hay personas así en cada esquina.
Yo tengo muchos mundos
Y aún me quedan por conocer demasiados.
No tengo tiempo.
Que agobio.
Tantos mundos y tan poco tiempo.
Y es que el tiempo al final es importante.
No es importante mirar el reloj,
Es importante el tiempo,
En sentido abstracto.
Con todo lo que engloba, como si también
El tiempo fuera un mundo.
Y no sé pintar.
Joder! No se pintar.
Ni cantar, ni bailar, ni escribir cosas bonitas,
Ni componer canciones, ni hacer el pino con la cabeza.
Joder! No sé hacer nada.
Ni siquiera sé mirar el reloj.
Ni entender el tiempo o el mundo.
Tampoco entiendo de estrellas ni de lunas ni planetas.
No entiendo de nada.
Es acojonante.
Sólo sé decir palabras mal sonantes.
No tengo educación ni feminidad ni nada.
Ni se hacer, ni entender, ni tener.
Pero soy un mundo con mis tiempos,
Sin relojes.
No tengo sabor ni olor característico.
Y al tacto no soy gran cosa.
Mi voz desentona y a la vista no impresiono demasiado.
Y a pesar de todo, soy un mundo.
Como todos.

En boca cerrada no entran moscas, ni nada.



Quedan muchas cosas por decir.
Cosas que no son bonitas, no te van a gustar.
Pero me quedé con ganas de decírtelas.
Te he olvidado, bueno, no exactamente.
Estoy mejor sin ti.
Soy más yo, más feliz.
No te echo de menos, he dejado de quererte.
Pero es que hay tantas cosas por decir.
Te quedaste con demasiados trocitos de mí.
Te conté mi mayor secreto.
Ese que nunca me atreví ni a decir en voz alta.
Y voy, y te lo cuento.
No sé en qué coño pensaba.
Simplemente lo solté, aunque no te lo conté entero.
Bueno, ya te dije que no lo recordaba bien.
Pero ahora ya lo recuerdo todo.
Y eres la única persona que lo sabe. Sólo tú.
Así de especial eras.
Y ahora ya no estás conmigo,
Y de verdad que lo prefiero así.
Pero el caso es que, de una manera extraña,
Seguimos unidos, porque tú conoces mi secreto.
Y ya no es un secreto en sí mismo
Precisamente por eso, porque lo conoces.
Y me da miedo que lo sepas.
Sé que no se lo contarás a nadie.
Pero eso no evita que esté asustada.
No deberías saberlo.
Te lo conté porque bebí demasiado
Y estaba rotísima en ese momento.
Y vas tú, y lloras.
Increíble.
Lloras, como si te afectara más a ti que a mí.
Porque yo no lloré.
Yo no lloro, y tú dijiste que tampoco lo hacías.
Pero esa vez sí.
Y mi secreto no tenía tanta importancia
Como para que lloraras.
Creo que lo hiciste porque en esos segundos
En los que te dije que era autodestructiva,
Te diste cuenta de que lo nuestro se acababa.
Corrígeme si me equivoco.
Pero es que como todo acabó después de aquello,
Lo he relacionado.
Tendría que haberme callado.

Juguemos



Y jugar a buscarnos y encontrarnos
Aunque sabemos que en la vida real eso no pasa
Y jugar a demostrar el miedo
A decir:
Tengo miedo, ¿me abrazas?
Y jugar a ser adultos
Que muerden todas las manzanas
Y jugar al escondite
Sin escondernos
Jugar al revés
A decir:
Aquí estoy yo  Y tú, ¿dónde estás?
Y jugar a desafinar guitarras
Y a ver quién rompe más ventanas
Y jugar a ir al cine sin palomitas
Y robarlas, y tirárnoslas
Y jugar a no estar solos
A compartir nuestros secretos
Y que dejen de ser secretos
Y jugar a no tener prisa
Y a perderlo todo
Las llaves, el móvil, las gafas
Y jugar a sonreír mucho
O a llorar demasiado
Que siempre quedan lágrimas
Aunque no nos demos cuenta
Y jugar a separarnos
Para echarnos de menos
Y pensar lo mucho que me importas
Y jugar a no tenernos
A no pertenecernos
Y jugar a las mentiras
Y no decir:
Te quiero
Y jugar, sólo jugar
Hacer que todo sea un juego

Azul y amarillo.



Una rosa azul marcó un algo para mí.
Porque el azul es tu color
Pero eso no lo sabes
Y un algo, porque no existe nombre
Para darle a aquella aventura.
Ahora odio el azul porque me recuerda a ti.

Luego conocí los girasoles amarillos,
Cuando ya me había resignado a estar sola
Y ser sólo un objeto.
Y los girasoles también me dejaron,
Prefirieron el sol.
Por eso, ahora también odio el amarillo.

Pero no importa.
Sólo odio dos colores.
Y hay tantos colores,
Estoy deseando poder odiarlos todos.
¿Cuál será el siguiente?
¿De qué flor se tratará ahora?

Ojala lo descubra pronto.
Quiero vivir una nueva aventura.
Enamorarme de otra personalidad como la vuestra.
De alguien tan loco como yo.
O más, mucho más.

Desnudarme sin miedo y sin prisa.
Y dormir abrazada a alguien,
O sin abrazar,
Sólo al lado de alguien.
Y despertarme, verle y sonreír.
Y pensar que las flores tienen unos colores increíbles.
Y quiero conocer esos colores
Y esas flores.
Todas.
Una vez más,
Sentirme especial.